Venture debt: el financiador obsesionado con el tiempo
El instrumento de deuda que no vive del cash flow
El venture debt suele concebirse como una forma sofisticada de deuda para startups.
Puede ser, porque el venture debt no es deuda bancaria tradicional
Tampoco es equity .
Y desde luego no es “deuda barata”.
En mi opinión, el venture debt es un ejercicio avanzado de gestión del tiempo y de la confianza.
Pero no de la confianza en el producto o servicio que vende la compañía. Ni siquiera del mercado. De la fe que el equity siga apareciendo.
Hola, soy Jacinto Castillo.
Esto es Prestar y Pedir Prestado.
Aquí no escribo sobre financiación en abstracto.
Escribo sobre cómo piensa un banco cuando decide decir que sí o que no.
Si estás aquí para entender por qué una operación “no encaja”, estás en el sitio correcto.
Foto de Washington Oliveira 🇧🇷 en Unsplash
El primer error habitual es pensar que el venture debt financia compañías.
No, no lo hace.
Financia la continuidad de una historia que ya ha sido validada por otros. En el caso de start ups de rápido crecimiento, por los fondos de capital riesgo (VCs).
El analista de venture debt, a diferencia que sus homónimos de deuda tradicional, tienen interiorizado que su tesis no es “esta empresa genera caja” para repagarme, sino algo mucho más concreto:
“Esta empresa va a volver al mercado de equity antes del vencimiento de mi operación.”
Por eso el venture debt funciona razonablemente bien cuando:
El mercado de rondas está activo y el capital sigue fluyendo.
El sponsor tiene un buen cap table con inversores reconocidos.
Y empieza a fallar cuando cualquiera de esas piezas se resiente.
No porque la compañía sea mala, sino porque el reloj empieza a correr en contra del venture debt.
Si amigos, porque al final del todo quien saca del riesgo al venture debt es el equity con otra ronda.
Si miras con calma la estructura típica de una operación de venture debt, hay un patrón claro: el tiempo está cuidadosamente comprado.
Periodos de carencia largos.
Amortizaciones tardías o muy suavizadas.
Estructuras bullet o casi bullet.
Covenants sorprendentemente laxos.
Para los que venimos de la industria de crédito tradicional, desde fuera puede parecer flexibilidad e incluso temeridad, pero está todo calculado.
Cada mes adicional sin amortización aumenta la probabilidad de que ocurra lo único que realmente importa: la siguiente ronda.
El venture debt no necesita que la empresa sea rentable hoy.
Necesita que siga viva y financiable mañana.
Por eso no compite con la banca. Juega a otro juego.
La banca presta contra flujos demostrables y predecibles.
El venture debt presta contra hitos futuros.
El sponsor como garantía que no aparece en el contrato
En los contratos de venture debt se habla de garantías, equity kicker y derechos de información.
Pero la única garantía es el cap table:
Su capacidad de hacer follow-on.
Su reputación en el ecosistema.
Su voluntad de intervenir cuando algo se tuerce.
Cuando una compañía entra en estrés, el venture debt no mira primero el balance. Mira al cap table y se hace una pregunta muy simple:
“¿Van a apoyar esto… o van a dejarlo caer?”
Ahí se entiende algo clave: el venture debt presta tanto al sponsor como a la compañía.
Cuando el sponsor desaparece —porque el fondo está agotado, distraído o desalineado— la operación deja de ser deuda estructurada y se convierte en un problema.
Covenants blanditos (pero que pesan lo suyo)
Otra idea muy extendida es la del “covenant-light”.
Es cierto: muchos contratos de venture debt tienen pocos covenants financieros duros. Pero eso no significa ausencia de control.
El control es más fino que como lo conocemos en el mundo de la financiación tradicional, se desplaza
Del contrato al reporting.
De los ratios trimestrales a las métricas semanales.
De la legalidad a la narrativa.
El venture debt hace un seguimento muy continuo, mucho más que los lender tradicionales. Por ejemplo, los cambios sutiles en el discurso del fundador.
Cuando algo empieza a oler raro, el covenant ya se ha activado, aunque no exista sobre el papel. Otra cosa es que interese o no ejecutarlo.
El mayor miedo: quedarse entre rondas
Si hubiera que resumir el principal riesgo del venture debt en una frase, sería esta:
Quedarse atrapado entre rondas.
No es el default clásico lo que más temen. Es el limbo. Ese escenario en el que:
La empresa no está muerta.
Pero tampoco es financiable.
El equity duda.
El tiempo vuela
Ahí es donde el venture debt sufre de verdad. Su modelo no está pensado para gestionar compañías zombis. Necesita decisiones rápidas, sponsors activos y estructuras claras.
Reputación
Hay un incentivo del venture debt del que se habla poco y que, sin embargo, es central: la reputación.
Los mejores financiadores de este nicho no quieren ser conocidos por:
Ejecutar garantías.
Forzar liquidaciones.
Quemar founders y sponsors.
Quieren que:
Los VCs les vuelvan a llamar.
Los emprendedores les vean como una herramienta útil, no como una amenaza.
Los problemas se resuelvan antes de llegar a la mentideros del ecosistema startupero.
Por eso, cuando las cosas se tuercen, el venture debt competente prefiere reestructurar antes que ganar una batalla legal. Su negocio es recurrente, y cada operación deja rastro.
Como en todo, hay que tener oficio
Lo que describo no lo aprendí dentro del venture debt. Lo aprendí leyendo sus estructuras desde el lado contrario: el del crédito tradicional, el de los comités que dicen que no cuando el repago vía flujos no estáclaro.
Esa distancia tiene un valor que no siempre se reconoce. Quien viene de dentro normaliza las convenciones del producto. Quien viene de fuera, con oficio suficiente, ve los mecanismos.
Y lo que veo es que una estructura bien pensada, da igual si es venture debt o deuda corporativa clásica, hace siempre lo mismo: alinea tiempos, reduce fricciones y da margen cuando el escenario cambia. Una mal diseñada acelera conflictos, rompe la relación entre equity y deuda, y convierte pequeños desajustes en crisis mayores.
La deuda no mata compañías. Las estructuras mal pensadas, sí.
Por ello, en un entorno donde el capital ya no es infinito y el tiempo vuelve a tener precio, entender los incentivos del venture debt es obligado para aquellas empresas que lo pueden utilizar.
Si tuviera que resumir este articulo en una frase seria:
la lógica del venture debt es comprar el tiempo suficiente para que alguien más crea lo suficiente como para seguir invirtiendo en la compañía.
Cuando el startup thinking llega a las pymes
Hay algo que está empezando a ocurrir en España y que vale la pena señalar.
Algunos fondos que construyeron su tesis en venture debt están trasladando esa misma mecánica a un mercado completamente distinto: las pequeñas compras apalancadas. Pymes con menos de 2M de EBITDA, fundadores cerca de la jubilación, banca que no llega porque el ticket es pequeño y la garantía no es inmobiliaria.
El activo ha cambiado radicalmente. La lógica no.
En vez de financiar el tiempo hasta la siguiente ronda, financian el tiempo hasta que el operador aterriza, estabiliza y demuestra que la caja que prometía el vendedor era real. Carencia inicial para pasar ese valle. Apalancamiento de 1-2x EBITDA. Estructura que deja al comprador “hacerse” con el negocio.
Es un mercado con características que encajan bien con esa mentalidad. Negocios probados con flujos predecibles. Valoraciones a 3-4x EBITDA donde todavía hay valor real. Y un tapón generacional enorme que la banca tradicional no está sabiendo gestionar.
Lo relevante no es el producto en sí. Es lo que demuestra: que la lógica del venture debt: comprar tiempo, alinear incentivos, apostar por lo que viene después, no es exclusiva del ecosistema startup. Es una forma de pensar la deuda que viaja bien cuando quien la aplica tiene el oficio suficiente para leer el riesgo correcto.
El mercado siempre encuentra la estructura que necesita antes de que los manuales teóricos la describan.


